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LOS MUDRAS
por Sarabjit Kaur
Los mudras son gestos de manos o de cuerpo que se han hecho conocidos en
occidente a raíz de la práctica del yoga, el budismo y algunas danzas de
origen oriental. Quizá el mas conocido de ellos es el giang mudra o chin
mudra, que es el clásico gesto de unir los dedos índice y pulgar
formando un círculo. Existen muchos otros, pues las posibilidades de
las manos y el cuerpo humano son infinitas, pero todos tienen un patrón
común: son gestos conscientes, que atrapan la atención de quien los
ejecuta obligándola a concentrarse en ellos. Los mudras impiden que la
mente divague de allá para acá obligándola a fijarse. También atrapan la
atención del observador. Si alguien mira a otra persona ejecutando un
mudra el mensaje es inequívoco: atención, acción e intención se
han unido en un solo movimiento que provoca en quien lo practica un
estado de conciencia no ordinario, y quien lo observa con atención se
hace inmediatamente partícipe de dicho estado. En ese sentido un mudra
convierte al ejecutante en un templo viviente, en un símbolo sagrado que
infunde el mayor de los respetos.
La practica de los mudras como de cualquier otra técnica semejante,
convierte a hombres mujeres en seres de luz, es decir en seres humanos
que trabajan para unir su conciencia individual y limitada con la
conciencia ilimitada del infinito, en seres trascendentes y en ese
sentido dignifican y transforman su vida cotidiana en forma radical. Ya
nunca volverán a ser los mismos.
La ejecución de mudras de cuerpo requiere un entrenamiento previo en la
práctica yóguica o de alguna otra disciplina corporal, la práctica de
los mudras de manos es accesible a todos y nos concentraremos en ella
La palabra mudra involucra dos partículas:
MUD: regocijo, felicidad,
RA: Sol, energía, principio activo y generador
Popularmente se dice que la palabra mudra significa sello, indicando
que al poner el cuerpo o la mano en una posición determinada se genera
un símbolo que transmite una idea, como un sello de imprenta, o sea una
letra. ¿A quien? a la propia psique de quien lo practica, por un lado,
y a un posible observador por el otro. En ese sentido se trata de una
suerte de alfabeto corporal, un libro de la vida inscrito en el propio
cuerpo humano.
Las noticias mas antiguas que tenemos del uso de los mudras se remontan
a la cultura Védica, que floreció en la India aproximadamente a partir
del siglo quinto AC. En ese entonces se aplicaban los mudras de manos
a la recitación de los versos de los textos sagrados llamados Vedas,
palabra que significa verdad o verdades y que da nombre a dicha cultura.
La recitación de los Vedas era en ese entonces una surte de arte
escénico, quien los recitaba debía hacerlo de memoria y acompañar la
recitación de cada verso con el gesto adecuado para transmitir el
concepto que involucraba, es decir no bastaban las palabras. Esto se
debía a que en ese entonces el pueblo era mucho mas versado en el
lenguaje gestual del cuerpo que en el lenguaje verbal, que no era
dominado a cabalidad al menos entre las castas mas bajas de la India, es
decir lo que en nuestra cultura denominamos clases populares. Por el
contrario, las castas mas elevadas debían dominar el arte de recitar los
Vedas con el ritmo, entonación, intención y gesto, es decir mudra,
adecuado, en el entendido de que sus conocimientos eran la base y
justificación de su posición social.
Asistir a la recitación de los Vedas era ponerse es contacto con un
venero cultural y religioso de incalculable valor, una forma de
pedagogía que era además una manifestación artística, es decir un
deleite para el espíritu, de ahí quizá el nombre de mudra: gestos
sagrados generadores de gozo.
En la India las divisiones históricas tradicionales se establecen en
base a la aparición de avatares y libros sagrados normalmente
atribuidos a Rishis, hombres sabios que compilaron conocimientos
diseminados aquí y allá y que dieron un nuevo giro a las prácticas
espirituales, por cuanto incorporaron y sintetizaron conocimientos de
otra manera dispersos y por lo tanto inaccesibles e incomprensibles en
su significado profundo. Se dice que un maestro en la recitación de los
Vedas que vivió entre los siglos II y V AC, Bharatha Muni, elaboró un
texto con la intención de incorporarlo y convertirlo en un quinto
Veda. El texto se denomina Natya Sastra pero no llegó a
incorporarse, sobrevivió sin embargo como un tratado de artes
dramáticas que incluye extensísimas referencias a los sellos de manos,
entendiendo que el arte de ejecutar los mudras es una danza de manos
indispensable en las artes escénicas, incluida la recitación de los
Vedas.
El arte de ejecutar mudras de manos no fue inicialmente parte de las
prácticas yóguicas, sino que se importaron del arte de la recitación de
los Vedas y en el budismo ocurrió algo semejante, es decir que el
budismo también se nutrió de la cultura védica y tomó de ella los
mudras, que fueron atribuidos posteriormente al Sakiamuni como símbolo
del estado mas elevado de conciencia que puede alcanzar un ser humano.
A Buda se le atribuyen seis mudras que representan seis atributos, seis
estados de conciencia por los que Sidharta fue pasando hasta alcanzar
la budeidad. Para el budismo los mudras son una forma de empoderarse de
los atributos divinos y vivirlos en el propio cuerpo. Si alguien puede
hacer los gestos de Buda podrá alcanzar algún día la budeidad, alcanzar
el samadhi romper la rueda de las reencarnaciones que nos atrapa en un
retorno sin fin, y así volver a la esencia, al centro no afecto al
espacio, al tiempo ni a las leyes causa efecto que en ellos imperan,
prescindente de la materialidad misma.
El arte de ejecutar mudras se fue enriquecido al pasar de una cultura,
de una religión y de un lugar del mundo al otro. El budismo japonés lo
desarrolló a tal punto que se elaboró el concepto del “Camino de los
dedos de la mano”, una senda espiritual que podría tener autonomía de
cualquier otra práctica, idea que resulta interesante si pensamos que la
mano está integrada por cinco extremidades, y que el número orbital del
Sol es 365, 3+6+5= 14= 5, es decir se trataría de una vía solar para
unirse a la propia esencia. El hecho de que la palabra mudra involucre
la partícula RA, que significa Sol, lo confirma.
La religión católica también incorporó los mudras en sus rituales y en
representaciones pictóricas de escenas bíblicas aparecen personajes
ejecutando diversos mudras, como símbolo de su dominio del conocimiento
misterioso que trasmitían. Algunos de ellos sobreviven aún como parte de
la liturgia, siendo especialmente relevante el mudra de Cristo, que
aparece en la mano derecha del personaje de la quinta carta del Tarot,
el Papa
Como los conocimientos sobre mudras de manos que han llegado hasta
nosotros no provienen directamente del las enseñanzas primitivas de la
cultura védica, sino que han sido extraídos básicamente del yoga, el
budismo y la medicina ayurvédica entre otras fuentes, con el correr de
los siglos, al pasar de una cultura y de una religión a otra, se han
nutrido de diversos conceptos que no son del todo coincidentes, de ahí
que resulte difícil establecer un patrón único al explicar sus
misterios.
La medicina ayurvédica asocia la mano con planetas, chakras y nadis,
canales de energía sutil que recorren por el cuerpo. Lo mismo ocurre en
el budismo y en el Yoga pero en una nomenclatura diferente, y a su vez
dentro del Yoga las distintas escuelas le otorgan a los mudras
diferentes nombres, funciones y beneficios.
Según las enseñanzas del maestro Yogi
Bhajan cada dedo se asocia a un planeta: el índice con Júpiter, el
medio con Saturno, el anular con el Sol y Urano, el meñique con
Mercurio, el pulgar con Marte, la prominencia tenar (la parte carnosa
debajo del pulgar) con Venus, y la prominencia hipotenar ( la parte
carnosa debajo del meñique) con la Luna. De tal suerte que al activar el
índice uniéndolo con el pulgar activamos nuestra sabiduría jupiteriana,
al activar el dedo medio uniéndolo al pulgar Saturno nos otorga
paciencia y autoridad, al activar el anular uniéndolo al pulgar
incrementamos nuestra energía solar vital y nos sanamos, y cuando
movilizamos el potencial del dedo meñique uniéndolo al pulgar nuestra
mente se activa y nuestras ideas se aclaran.
Mas allá de las divergencias que puedan existir en las diferentes
escuelas, la asociación de la mano y los dedos con influencias cósmicas
dice relación con una verdad consustancial a la práctica del yoga y
otras disciplinas corporales semejantes: ellas buscan establecer un
puente entre lo invisible y lo visible, entre lo mas lejano, el
infinito, y lo mas cercano, el cuerpo humano, y para ello no se requiere
mas que ejecutar un mudra, un simple gesto de manos.
Sarabjit Kaur
Semana Astral
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